miércoles, 28 de junio de 2017

martes, 3 de enero de 2017

THE BEATLES: EIGHT DAYS A WEEK (2016) – RON HOWARD

Hace poco leí que alguien afirmaba que su hecho histórico preferido fue que los padres de George Harrison le permitieran viajar a Hamburgo a pesar de ser menor. Independientemente de lo que tenga de irónico esta afirmación, es indiscutible que The Beatles tienen un lugar de honor en la historia del siglo XX y que la carrera de la banda comienza en aquel viaje a la ciudad alemana.

El conocido director de Hollywood Ron Howard ha realizado un documental, ‘Eight days a week’, centrado en los conciertos del grupo más grande de la historia, aquellos fab four, los cuatro muchachos de Liverpool que cambiaron el curso de la cultura popular con una breve y meteórica carrera de la que se sabe casi todo. Howard recorre en el documental los conciertos que realizó la banda desde sus inicios en Hamburgo y The Cavern en Liverpool hasta su último concierto en el Candlestick Park de San Francisco en 1966 (en realidad la última vez que los cuatro tocaron en directo juntos fue en la azotea del edificio de Apple Corps). Son aproximadamente unas 1400 actuaciones en cuatro años, conciertos en lugares cada vez mayores, ante audiencias de cientos de miles de personas, tocando en diferentes continentes. Unas actuaciones que empezaron a írseles de las manos. Sorprende el poco personal que llevaba The Beatles en las giras, cada vez más mastodónticas. Increíble que no pasara alguna desgracia, con aquellos miles de enajenados fans contenidos con mucho esfuerzo por policías absolutamente desbordados. La locura. No existía entonces equipo de sonido que pudiera elevar su música para superar el griterío. “El sonido salía por la megafonía del estadio”, cuenta Ringo Starr.
“¿Cultura? Esto no es cultura. ¡Es solo unas buenas risas!”, afirmaba en 1964 Paul McCartney con ingenuidad. ‘Eight days a week’ refleja la evolución de aquellos cuatro amigos gamberros y talentosos, que componían bonitas canciones de amor, adorados por los fans y la prensa. Pero a medida que el grupo fue madurando empezaron las críticas, les llamaron pretenciosos, en EEUU quemaron sus discos por las palabras de Lennon en 1966: “Los Beatles son más populares que Jesucristo”. En diciembre de 1965 The Beatles sacaron ‘Rubber Soul’. La gente no entendía el giro que había dado su música, habían pasado del “quiero agarrarte la mano” a letras complejas y elaboradas. “A mí no me gustó nada. A las dos semanas no podía vivir sin el disco”, afirma Elvis Costello en el documental. “No podemos hacer siempre lo que la gente espera de nosotros”. The Beatles crecían, querían mandar sobre sus grabaciones y sus carreras, experimentar y probar nuevas disciplinas.
Asistimos también a demostraciones sobre su conciencia de clase, eran niños de la posguerra, hijos de la clase trabajadora (a excepción de Lennon quien creció en una familia acomodada) y nunca renegaron de ello. En sus conciertos en EEUU se negaron a que hubiera segregación racial. “Eran como mis amigos, aunque yo fuera negra. Eran mis amigos, no les veía blancos, no importaba el color”, Whoopi Goldberg, entonces una adolescente, asistió con su madre al mítico concierto del Shea Stadium de Nueva York en agosto de 1965. La música eliminaba las diferencias. Cerca de 2000 documentos gráficos, fílmicos y sonoros componen ‘Eight days a week’, que ha sido proyectado de manera simultánea en cines de todo el mundo durante ocho días, antes de ser difundido en otras plataformas audiovisuales.
Conx Moya

domingo, 1 de enero de 2017

Leonard Cohen - You Want It Darker (2016)


Hace cinco meses Leonard Cohen se despedía de Marianne Ihlen. Su carta decía: “…pienso que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía…Solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Todo el amor, te veré por el camino.”

No fue el primer adiós entre ellos. En los años sesenta, Cohen le dedicó “So long, Marianne” luego de compartir un largo idilio en la paradisíaca Isla griega de Hidra. Dicen que mientras le leían la carta en su lecho de enferma, entregando su última sonrisa Marianne elevó su mano tanto como pudo. Cohen cumplió su palabra.  En octubre firmó su testamento musical, en noviembre (“…cuando florecen los limoneros y se marchitan los almendros…”) dejó que se apagara su propia llama.  

You Want it Darker es el epitafio que sublima lo mejor de su arte. Un acto final en el que se entremezclan un allanamiento de connotaciones místicas (“…I’m ready, my Lord…”) y el deseo terrenal de aferrarse a la última esperanza (“…I wish there was a treaty, I wish there was a treaty, between your love and mine…”). Pero aún con un pie en   el  purgatorio  Cohen  siguió  reclamando reglas claras (“…If you’re the dealer, I’m out of the game…”). Todo el mundo sabe que los dados están cargados, pero nadie quiere perder.

Entre aquel trovador lleno de urgencias que hace medio siglo le pedía a Marianne volver a llorar y reír de todo y  este desolado patriarca zen que supo que era demasiado tarde para ofrecer la otra mejilla, hay algo más que un hombre ralentizado por el paso de los años. Hace tiempo que Cohen eligió flotar como una mariposa en esa atmósfera aletargada que envuelve su recitado, para aguijonear como una abeja cuando la ocasión lo requiere. Ese estilo que Mohamed Ali impuso sobre el ring, y los hombres sabios adoptaron para la vida.

Brian Eno resume su propia obra como un intento permanente por hacer cuadros que se muevan y música que se quede quieta. Tanto él como su maestro John Cage lo intentaron con piezas instrumentales que parecen suspender el momento. Leonard Cohen es quien más cerca estuvo de hacerlo agregando poemas a la música. En cualquier caso, aprendió que algunas vidas se detienen justo a tiempo.
JORGE CAÑADA



Lista de canciones:
1.    You Want It Darker
2.    Treaty
3.    On the Level
4.    Leaving the Table
5.    If I Didn't Have Your Love
6.    Traveling Light
7.    It Seemed The Better Way
8.    Steer Your Way
9.    String Reprise / Treaty

viernes, 30 de diciembre de 2016

LEONARD COHEN (1934-2016)

"Leonard Cohen es dios. Y los dioses no mueren. Entonces, estas lágrimas por su partida física son en realidad un homenaje a lo que fue su vida aquí con nosotros, a su obra, a sus canciones, a su poesía, a sus imágenes, a sus mujeres, a su grandiosa voz. Y las evocaciones diarias a su memoria son en realidad muestras de agradecimiento y amor por las vidas que vivimos bajo su influencia, por lo que somos ahora, por aquellas canciones que se volvieron canónicas en nuestro día a día, por aquellas frases y poemas que asimilamos de la forma más ortodoxa posible con la seguridad de saber que el que nos la regalaba era un ser extraordinario, el único sabio y osado, capaz de mezclar lo mundano con lo espiritual, lo sacrílego con lo sagrado, al amor con los holocaustos, al sexo con la religión,  al judaísmo con el budismo, a Cristo con Hiroshima.

Una semana antes de su muerte, mientras escuchaba con unos amigos su último single “You Want It Darker”, la novia de uno de ellos exclamó: “¡me parece tan sensual!”. La voz cavernosa de un anciano de ochenta y dos años, con el cuerpo enfermo y moribundo que repetía: “Heme aquí, estoy listo mi Señor”, le provocaba lujuria a una veinteañera. ¡Qué inmejorable prueba de tu inmortalidad!, amado Leonard Cohen." HENRY A. FLORES


"Siempre tuve la impresión de que era un ser frágil y vulnerable. Vestido de negro y con su infaltable sombrero Fedora, recitaba con voz queda, se apasionaba y ensayaba frases que resumían su amor por las mujeres, agarraba el micro, cerraba los ojos, apretaba los puños y susurraba con el alma entera "dejé de buscarte, dejé de esperarte, dejé de morir por ti".

Sí, melancólico y generoso, entregaba la vida en el estudio y en el escenario, en la conversa rutinaria y ante el papel en blanco. Vida que se desbordaba a cada instante, a despecho de su austeridad y sencillez. Y, entonces, empezó a morir por él mismo y a envejecer rápidamente. Pero el amor duele, el amor lacera, el amor renace. Siempre. Contra viento y marea, ignorando los años, indiferente al tiempo que pasa, arrasando todo a su paso. Y Leonard Cohen siguió en el escenario de la vida, amando y cantando. Nunca dejó de enamorarse... pero no podía seguir viviendo así." ROGELIO LLANOS


"Leonard Cohen, tu expresión musical y poética; tu voz viento y tu mirada joven y trazada; tu silencio respetado y tus pasos quietos y tu corazón piano-bar. Hoy bailan la sinfonía más azul y más húmeda. Viejo amigo mío, hoy se escribe con sentir humano y baile judío, con el saber y el sentir de un árbol caído y no reverdecido. Mientras tanto, sostén tu cabeza sobre la extensión del campo y la mar. Me libo tu existencia y me cargo tu ausencia mientras dure la tinta color lágrima." HALLIE CÁCERES

sábado, 30 de mayo de 2015

EL SÓTANO DE LA CASA ROSADA

VARIOS - "LOST IN THE RIVER: THE NEW BASEMENTS TAPES"


Corría el otoño boreal de 2013 cuando T-Bone Burnett recibió una caja con manuscritos de Bob Dylan y una propuesta: que hiciera algo con ese material olvidado por el músico en 1967. Preguntó si Dylan estaba al tanto del ofrecimiento y una vez que se lo confirmaron, tuvo dos certezas. Primero, lo que hiciera con esos escritos debía respetar el espíritu original con el que fueron concebidos. Segundo y no menos importante, el resultado del trabajo tenía que “hacerle justicia” al autor. Se trataba nada más y nada menos que de algunas letras que el músico de Duluth había escrito durante su estadía en Big Pink, la emblemática casa de Woodstock de paredes rosadas, en cuyo sótano terminó de consumarse el encuentro artístico con los músicos de The Band (por entonces The Hawks) que diera a luz al disco The Basement Tapes. En el centenar de canciones grabadas en esa ocasión, incluyendo composiciones originales, versiones contemporáneas y canciones tradicionales, Dylan se alejó de la sensibilidad urbana y de las narraciones extensas que caracterizaron sus anteriores trabajos,  en pos de canciones más íntimas y cercanas a la tradición del sonido estadounidense.

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La elección de Burnett como curador del nuevo proyecto no fue casual. Desde que la banda sonora de "O Brother, Where Art Thou?" (la “Odisea” de los Hermanos Coen) lo ungiera como el alquimista esclarecido a la hora de añejar piezas musicales, se ha convertido en una suerte de garante del sonido norteamericano.  Pero había algo más, él había sido el ladero de Dylan en la Rolling Thunder Revue de 1975 y 1976, la gira que sucedió a la primera publicación oficial de The Basement Tapes. Habrá pensado el bueno de T-Bone que la obra de Dylan era algo demasiado importante como para dejarla sólo en sus manos, entonces recurrió a un grupo de músicos que, al igual que los integrantes de The Band,  individualmente fueran capaces de liderar su propio grupo. A decir de Burnett, cada uno de ellos tiene además las dotes de un arqueólogo, saben excavar sin destrozar lo que están descubriendo.

Pero, ¿qué es lo que hizo que tuviera sentido desempolvar esta quincena de poemas esbozados (¿descartados?) por Dylan durante aquella estadía en Big Pink? Dylan había llegado allí después de sufrir un accidente con su motocicleta en julio de 1966. Todo comenzó justo un año antes, la noche de cierre del Newport Folk Festival, paraíso acústico por excelencia, cuando Dylan cometió el “sacrilegio” de subir al escenario con una guitarra eléctrica, conectarla al amplificador y soltar tres canciones entre abucheos de los puristas del folk, para volver luego debidamente desenchufado e interpretar a regañadientes un par de bises.  Para entonces, y con tan sólo 24 años, Dylan era la promesa de la canción de protesta, sin recurrir más que a su ingenio, la guitarra acústica y la harmónica. Un poeta alucinado que paría clásicos instantáneos como The Times They Are a Changin con frases incendiarias como “…Vamos, senadores y congresistas, escuchen la llamada, no se queden en la puerta bloqueando el paso,…afuera hay una batalla y es brutal. Pronto sacudirá sus ventanas y hará temblar sus paredes, porque los tiempos están cambiando…”. Desde aquella noche de Newport los abucheos se sucedieron concierto tras concierto durante 1965 y 1966, culminando en el famoso incidente del Manchester Free Trade Hall cuando un integrante del público le asestó un “¡Judas!” en medio del set eléctrico, a lo que Dylan contestaría con un “I don’t believe you…you are a liar”, para luego darse vuelta y lanzar un “Play it fucking loud!!” dirigido a su banda (Hay quienes dicen haber escuchado “He is a fucking liar”), en cualquier caso, lo que haya dicho fue el preludio de una antagónica versión de “Like A Rolling Stone”. Según el periodista Andy Gill “los viejos folkies estaban demasiado ocupados cantando “The Times They Are a Changin” como para darse cuenta de que los tiempos en realidad habían cambiado”.

Es entonces cuando Dylan sufre su legendario accidente. Un percance nunca aclarado del todo. Fue anunciado como un hecho grave, pero el músico jamás fue hospitalizado. Tampoco hubo partes médicos. En sus Crónicas, publicadas cuarenta años después, Dylan deslizó una sugestiva aclaración “…sufrí un accidente de moto del que había salido malherido, pero me recuperé. La verdad es que quería rehuir la ardua competitividad de la vida moderna”. Versión que coincide con el relato de muchos contemporáneos que por esos agitados días de mediados de los sesenta lo describieron “como si estuviera en un viaje de la muerte”. Hay una anécdota que sucedió entre Robbie Robertson, guitarrista de The Band, y Dylan, que pinta con precisión el peso de la expectativa que se depositaba sobre él por esos días. Iban los dos músicos en un auto con rumbo a Big Pink cuando se produjo un silencio y Robertson soltó un “Bueno,… ¿Hacia dónde lo piensas llevar?” a lo que Dylan inquirió “¿Llevar Qué cosa?... ¿Qué exactamente?” La respuesta del guitarrista no se hizo esperar: “El panorama musical, por supuesto”. Bob recuerda haber bajado la ventanilla por el resto del trayecto para que el viento disipara el efecto de esas palabras. Ahí terminó todo porque Dylan no sabía cómo reaccionar ante semejante exceso de responsabilidad. Dylan se recluyó, para dedicarse a su familia y a leer la Biblia. Discontinuó sus actuaciones por los siguientes 8 años y tardó 37 veranos en volver al Festival de Newport. Así y todo, nunca logró quitarse de encima el aura de profeta que intentaron endilgarle.

Elvis CostelloRhiannon Giddens (Carolina Chocolate Drops)Taylor Goldsmith (Dawes)Jim James (My Morning Jacket) y Marcus Mumford fueron los elegidos por T-Bone Burnett para captar, casi medio siglo después, las reverberaciones perdidas de aquella cofradía musical que desde su refugio en Big Pink cambió la historia del folk y del rock sin proponérselo, casi huyendo del destino para construir una realidad paralela y así terminar escribiendo la verdadera historia. Lost on the River – The New Basement Tapes, el resultado del rescate comandado por Burnett, exuda un respeto casi reverencial. No podía ser de otra manera teniendo en cuenta las condiciones autoimpuestas. Quienes, como Costello, cuentan con más ginetas se esfuerzan menos por salir de la zona de confort que les ofrece su tono habitual. Pero en general el proyecto mantiene su línea de flotación  y por momentos levanta vuelo, especialmente cuando Jim James toma las riendas (“Down On the Bottom” o “Nothing to It”).

Párrafo aparte merece la revelación de una letra que retrata con fidelidad el sentir de Dylan por aquellos días y que Rhiannon Giddens tiñe con la solemnidad del gospel: “…Me perdí en el río, pero me encontré, Me perdí en el río, pero no me ahogué, Un día de tormenta que estaba en el mar, las olas rodaron y cayeron sobre mí, Me fijé en la tierra seca y en un árbol alto y pálido, sabía que pronto era ahí donde me gustaría estar…”

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Finalmente, esta suerte de déjà vu llega cuando Dylan parece haber resuelto su trauma asumiendo con humildad, y porque no una dosis de resignación, el rol de vocero de su generación. Al menos eso dejó traslucir cuando compuso Things Have Changed”, la canción que en 2000 le valió su único Oscar a la fecha y que funcionó como una secuela de The Times They Are a Changin”, aunque con una visión más personal y menos explícita. Allí, entre imágenes apocalípticas y un dejo de melancolía, entona su perfecto epitafio “…Antes me preocupaba, pero las cosas han cambiado…Mucha agua bajo el puente, muchas otras cosas también…No se levanten señores, solo estoy pasando por aquí…Me lastiman fácil, simplemente no lo demuestro…”
JORGE CAÑADA

jueves, 25 de septiembre de 2014

THE BLACK KEYS - "TURN BLUE"



Cuando escuché algunos temas de El Camino (2011) en un Lollapalooza, me di cuenta que se apreciarían mejor en locales más pequeños e íntimos. Turn Blue, un poco más denso y onírico que el anterior, refuerza aquella impresión. Por eso, el espectacular, osado e hipnótico comienzo con “Weight of Love” y sus casi siete minutos de sicodelia y soul a ritmo lento provocan una explosión de sesos en la soledad de tu habitación o con los audífonos bien puestos donde quieras que estés. Se necesita esa intimidad con uno mismo para apreciar su máximo esplendor. Este dúo, continúa su alianza con el productor Danger Mouse -pieza clave de las paletas sonoras (pop, soul góspel, sicodelia) que han ido incorporando poco a poco desde el Attack and Release (2008) en adelante- quien también es coautor del álbum. Aquí hay once canciones que confirman su alejamiento del blues crudo que profesaban en sus inicios y por lo que muchos los catalogaron como copias de los White Stripes. Llama la atención que las únicas canciones producidas por el dúo, “It’s Up to You” y “Gotta Get Away”, sean menos adornadas, más guitarreras, con solos más espontáneos. Al parecer la bestia de dos cabezas no está domada del todo. Podría despertar en cualquier momento. HENRY A. FLORES



martes, 23 de septiembre de 2014

NEON TREES - "POP PSYCHOLOGY"


Tercer álbum de esta pegadiza agrupación norteamericana. Pop cimbreante, amigable, de rápida digestión,  de guitarras y batería cubiertas con sonidos electrónicos. El cantante y compositor, Tyler Glenn, menciona que la génesis de estas canciones está en la catarsis que hizo en sesiones terapéuticas. Si es así, pues, en su interior está mucho mejor su instinto musical que su forma de expresar lo que siente o piensa: “Lágrimas sobre mi celular, sintiéndome tan solo. Nunca dejaré que te vayas, tienes lo mejor de mí. Mientras los otros chicos solo quieren tu sexo, yo solo quiero tus mensajes de texto por las mañanas”  (“Text me in the Morning”). Son letras personales, pero que en mucho de los casos caen en una superficialidad propia de gente hedonista y narcisista. “Todos mis amigos son personas diferentes. Ansiosos como  el océano en la tormenta. Cuando salimos somos eléctricos. Fluyendo a través de nuestros cuerpos hasta ser uno” (“Sleeping with a Friend”). Aunque también hay lugar para las penas del corazón como en “Voices in the Hall”, una de las pocas canciones con mejor balance entre música y letra. Y en el plano musical objetamos que solo haya diez canciones, uno se queda con ganas de más.HENRY A. FLORES